Viejos tiempos

Caminar por las calles se hace más difícil cada vez, entre el ruido de las fábricas, el olor a mierda y la necesidad de todo el mundo de estar junto a alguien más;por eso la otra tarde de Domingo decidí colocarme del otro lado de la calle a observar a los peatones, los conductores, y a los que se arrastraban emocionalmente en la vereda.
Pasó por allí una mujer rubia, de unos 40 años, junto a su hijo que metía el dedo en su nariz, dirección al sur de la calle 43. Luego pasó un auto repleto de una familia notoriamente funcional, el padre fumaba con su brazo fuera de la ventanilla mientras la madre miraba hacia la nada por el otro extremo.
Más tarde una pareja de ancianos me preguntó si conocía el bar de Antonio; les dije que no y los miré irse de la mano, caminando al mismo ritmo como automatizados el uno al otro.
Mientras el sol pegaba en mi cara ya dispuesto a volverse cada vez más naranja y decadente, vi pasar por el borde de la vereda a alguien que tenía un aire a vos, y a tu forma de caminar; pero creo que sólo era el reflejo del sol que me nublaba la vista.
Media hora después de colocarme del otro lado de la calle decidí irme de una vez, el frío ya empezaba a torturar mis manos y en ninguna de esas siluetas pude encontrar algo de vos; creo que al fin y al cabo la ciudad tiene menos de mágica cuando no estas en ella.

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Fuga

Huyo del movimiento
que mis ojos realizan al ver
el encanto desesperado
de un buen trovador.

Huyo, porque al escapar
mis manos comienzan a transformarse
en letras, en tinta azul.
Busco en lo inhóspito
de un papel vacío
todo lo que jamás,
por voluntad natural
puedo llegar a tomar.

Me escondo de los carnavales,
los cumpleaños, las reuniones,
pero incluso escondiéndome
encuentro los anhelos más lejanos,
la incertidumbre de tener
mucho más de lo que tengo.

Al huir de la belleza
me encuentro con el encanto
de sentir en mi estómago
una y otra vez,
el hueco inútil
que forma, al instalarse
la reminiscencia de lo real.

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Si flotáramos en el espacio

Este universo
cruel, inalcanzable
no puede hacernos
incluso en su inconmensurabilidad
un poco menos egoístas.

Si flotáramos
en un vacío eterno
aun así, mezquinaríamos
y corromperíamos
nuestra única propiedad:
el no tener nada.

Armaríamos estructuras de aire
le pondríamos nombre
a nuestro eterno zig zag.
Seríamos dueños
de nuestra propia nada
de nuestra oscuridad.

Porque ser hijos de la Tierra
no hace nuestra malicia
inherente a ella.
Nos hace cautivos
de un globo intangible
que no nos deja colonizar
la nada que inventamos,
lo desconocido
que ya bautizamos.

 

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El flagelo de estudiar y ser alguien o el flagelo de sentir y crear a alguien.

Intentaba leer Ser Y Tiempo De Heidegger y lo hacía bien -increíblemente bien- pero entonces empezó a sonar Cat Power en la radio y ya no puedo pensar en alemanes trastocados; ahora me siento de frente a mi cuaderno, cambio de hoja, y comienzo a escribir un poema.
Porque no pude evitar que The Greatest me recordara a mi adolescencia de rebelde criada en la comodidad de una casa caliente todos los inviernos, casa que me ayudó a desprenderme lo más lejos posible de ella, y al mismo tiempo mantenerme tan cerca de mi familia como pudiera. Creía que podría cambiar el mundo al escribir un libro de 300 páginas sin siquiera haber terminado la universidad,crear un nuevo sistema de educación del cual hasta los alumnos estén orgullosos, o no sé, quizás simplemente aprobar las cursadas; sin embargo acá me encuentro, en el tercer año de carrera y con pánico escénico por dos finales.
Pero el problema no son los finales, un fracaso más en mi carrera no puede ser gran cosa, el problema es que mi novio dejó de responderme el teléfono desde anoche, y yo tengo que concentrarme en los problemas de los alemanes…
El problema es que se fue hace 6 meses de mi lado a trabajar a otro país, y todavía mantenemos ésta comunicación auto-flagelante que es una relación a distancia, un amor no tangible.
Y el sueldo no me alcanza, quiero recorrer Europa y no puedo comprarme un par de botas, mi jefe cree que estoy un poco más gorda éste año, le dije que es sólo el abrigo, y se rió.
Anoche Facundo, hijo de puta, un compañero de la oficina, me metió la mano por debajo de la pollera mientras transcurría la reunión mensual. No sé si mandar a alguien que le pegue o usar esa plata para la terapia.
Pero es Viernes por la madrugada, y tengo que elegir entre seguir leyendo a Heidegger o tirarme en el sillón a escuchar a Cat Power…o Bowie, llorar porque mi novio me dejó anoche y emborracharme mientras afuera toda la ciudad se congela de frío.
Pero tengo que estudiar, aprobar, progresar, vivir independiente, formar una vida, trabajar, tener un título, ser alguien.
Ser alguien.
El problema ahora es que ahora no entiendo cuál es el verdadero ser, si el racional o el sentimental, porque por más que los filósofos hayan asegurado lo contrario por miles de años, no hay lugar para los dos en el humano moderno.

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Que nos incendie el sol

Desde que no estás
deseo, sueño todos los días
que la luna me aplaste
que el sol me incendie,
morir por una razón
ajena a mis angustias
cercana a los dos.

Porque somos paralelos ahora,
y si la tierra fuese plana
quizás pudiera verte
buscándome entre todos,
lejano igual.

Pero como las horas
y las curvas
ya nos separaron.
Ahora prefiero sentarme bajo la luna,
esperar que me aplaste
o que el sol
se digne a explotar.

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Mi linda Verónica

¿Me ves? Otra noche haciendo el mismo ritual de siempre, dándole de comer a los peces, chequeando las perillas, apagando las luces, yendo a dormir, solo ahora.
La casa sigue siendo chica, tengo que admitirlo, y te advierto que no llegué a limpiar la mancha que quedó en el zócalo detrás de la puerta, no vayas a hacerme un escándalo por eso, no justo cuando fui más cauteloso que nunca en dejar todo impecable.
Tu mamá dice que la llames cuando llegues a Copacabana, como quedamos en decirle, no sé por qué se me habrá ocurrido ese lugar horrible, hubiese sido mejor Barcelona o Montevideo. Aunque, los dos sabemos que no van a preocuparse demasiado si no llamas.
¿Que yo tuve la culpa? Eso es insensato cuando vos misma asumiste todo, detalle por detalle, el error que habías cometido, la culpa que no te dejaba dormir, y lo lastimoso que fue que él no te haya llamado más después de eso. Sobre todo porque vos y yo sabemos que tuvo sus motivos para no hacerlo: tus piernas chuecas, tu cintura recta, tu celulitis avanzada, tu cara de tonta, tonta y callada siempre.
Pero, aah… cuando venías a mí con tu pelo despeinado y tus ojos de quererme tanto, es ahí cuando realmente descubría un universo entero en tu sonrisa. Ya ves, te extraño de a ratos y con fuerza, no me recrimines mientras duermo lo que pasó, porque incluso yo soy el que se quedó sufriendo acá.
Te extraño, mi linda Verónica, no sé por qué tuvimos que caer en todo esto, no sé por que dejaste que el cuchillo llegara a tu estómago, si tan sólo hubieses gritado un poco, yo no te prohibí eso, pero no, decidiste mirarme callada y llorar en silencio como siempre lo hiciste, guardando tus emociones.
Pero esa fue la última vez que pudiste guardar tus sentimientos, ahora tengo que guardarlos todos yo, ¿No te parece eso suficiente? Ya no me atosigues más, que los peces se asustan, que la electricidad cuesta cara si ya no voy a poder apagar la luz nunca más.

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Subir y caminar

Caminabamos por las gradas
de un Cuzco fugaz
subiendo, bajando,
subiendo, caminando.

Siempre contemplando
tu perfil derecho
porque a tu izquierda
no había lugar para uno más.

“Sabes que tenemos fecha límite”
Y me tomaste la mano
sólo para después
esconderla en tu bolsillo.

Desaparecemos,
como en nuestra ciudad
de miles de metros sobre el mar
falta el oxígeno.
Pero todavía puedo escucharte
“hey!” y no verte después.

Todavía seguimos subiendo
y bajando, y subiendo
las gradas de Cuzco
hasta el final de la calle
hacia nuestras últimas
palabras con oxígeno.

Y te escribo sin metáforas,
porque ya no sos una
ya no sos miles de metros sobre el mar
ahora somos un paseo romántico
en mi cabeza.

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